Luego del infartante 5-4 vivido en Francia, el Paris Saint-Germain llegó a Alemania con la obligación de defender la ventaja ante un Bayern Múnich herido, peligroso y empujado por su gente. Dos gigantes del fútbol moderno se enfrentaban por un lugar en la gran final de la UEFA Champions League, en una serie que prometía espectáculo hasta el último minuto.
El equipo bávaro confiaba en la remontada. Jugaba en casa, en un estadio completamente encendido y con la convicción de poder revertir la eliminatoria. Pero al frente estaba el vigente campeón de Europa, un equipo trabajado y competitivo dirigido por Luis Enrique, que volvió a demostrar personalidad en el escenario más difícil.
El PSG jugó un partido inteligente, maduro y muy serio desde lo táctico.
Y golpeó rápido. Apenas al minuto 3, Ousmane Dembélé silenció el estadio tras abrir el marcador para los franceses. Un gol tempranero que cambió completamente el panorama de la semifinal y obligó al Bayern a remar desde atrás durante todo el encuentro.
A partir de ahí, el conjunto parisino manejó los tiempos del partido con mucha inteligencia. Supo cuándo presionar, cuándo defenderse y cuándo enfriar el ritmo de un Bayern que buscó constantemente encontrar espacios para volver a meterse en la serie.
El empate llegó gracias a Harry Kane, que apareció como suele hacerlo en las noches importantes para marcar el 1-1 y devolverle esperanza al conjunto alemán. Pero aun con el impulso del gol y el apoyo de su afición, el Bayern nunca logró romper definitivamente el orden defensivo del PSG.
Los dirigidos por Luis Enrique resistieron el asedio y entendieron perfectamente cómo jugar una semifinal de Champions fuera de casa. Sin desesperarse, sin desordenarse y aprovechando cada pausa para bajar las revoluciones del partido. El pitazo final confirmó el objetivo parisino.
El Paris Saint-Germain es el primer finalista de la UEFA Champions League y sigue soñando con conquistar Europa por segundo año consecutivo. Un proyecto que hace algunos años parecía imposible hoy vuelve a instalarse en la cima del fútbol europeo gracias a un equipo mucho más equilibrado, competitivo y maduro.
Ahora, el campeón espera rival para la gran final del próximo 30 de mayo, donde buscará seguir escribiendo su historia en el torneo más importante del continente.
Europa ya tiene a su primer finalista. Y París vuelve a ilusionarse con otra noche eterna.
