Real Madrid dejó escapar puntos vitales en la jornada 31 de LaLiga tras igualar 1-1 frente a Girona FC en el Santiago Bernabéu. El equipo de Álvaro Arbeloa necesitaba una victoria para seguir presionando al líder FC Barcelona, pero volvió a mostrar dificultades para romper bloques defensivos y terminó pagando caro una desconexión en defensa.

El contexto no era sencillo para los blancos. Apenas días después de caer ante el FC Bayern Munich en los cuartos de final de la Champions League, el Madrid afrontaba un encuentro clave tanto para la pelea por LaLiga como para recuperar confianza antes de buscar la remontada en el Allianz Arena este miércoles.

La presión era evidente. Segundo en la tabla y a siete puntos del Barcelona, el conjunto merengue no tenía demasiado margen de error. Además, venía de caer ante Mallorca en su último compromiso liguero fuera de casa, aunque sostenía dos victorias consecutivas en el Bernabéu.

Y Arbeloa apostó por todo.

El técnico reunió nuevamente desde el inicio a su tridente estelar: Vinícius Júnior, Jude Bellingham y Kylian Mbappé, buscando recuperar peso ofensivo y profundidad.

El primer aviso llegó rápido y encendió al estadio. Brahim Díaz encontró con un pase de sombrero a Mbappé dentro del área y el francés, con una contorsión espectacular, estuvo muy cerca de abrir el marcador con un disparo que pasó rozando el poste.

Pero el Girona respondió inmediatamente.

El conjunto catalán explotó un contragolpe veloz que obligó a Andriy Lunin a intervenir con una atajada extraordinaria para evitar el 0-1. Fue una advertencia clara de un equipo que, sin dominar la posesión, sabía perfectamente cómo incomodar al Madrid.

Uno de los aspectos más llamativos del inicio fue la actitud defensiva de Mbappé. El francés, muy cuestionado durante la semana por la prensa y parte de la afición debido a su falta de presión sin balón, mostró un compromiso mucho mayor en los primeros minutos, participando activamente en la recuperación alta y acompañando el esfuerzo colectivo del ataque blanco.

Sin embargo, el gran protagonista táctico del primer tiempo fue el Girona.

El equipo visitante construyó un partido extremadamente incómodo para el Madrid. Replegado, compacto y disciplinado, defendió muchas veces con una línea de hasta seis futbolistas en el fondo, cediendo completamente la iniciativa y obligando al Madrid a inventar constantemente en espacios mínimos.

Y ahí comenzaron los problemas del conjunto blanco.

Con muy poco terreno para correr, Vinícius y Mbappé perdieron gran parte de su capacidad de desequilibrio. El Madrid generó algunas aproximaciones peligrosas, pero nunca terminó de sentirse cómodo ni de imponer un dominio real sobre el partido.

El segundo tiempo arrancó con un Girona aún más tranquilo. Cada saque, cada falta y cada pausa parecían formar parte de un plan perfectamente ejecutado para bajar el ritmo del encuentro y desesperar al Bernabéu.

Hasta que apareció Federico Valverde.

Al minuto 52, el uruguayo encontró un espacio fuera del área y sacó un disparo raso y potentísimo que sorprendió al arquero rival para marcar el 1-0. El gol rompía completamente la dinámica del partido y abría la incógnita: ¿el Girona saldría a buscar el empate o seguiría intentando consumir minutos?

La respuesta llegó rápido.

Apenas nueve minutos después, Thomas Lemar apareció con un remate espectacular desde fuera del área tras una buena jugada colectiva. El francés encontró espacio ante una defensa madridista demasiado pasiva y sacó un disparo imposible para Lunin.

El empate silenció al Bernabéu.

Y aunque el Madrid intentó reaccionar en el tramo final, volvió a faltarle claridad, ritmo y profundidad para romper el orden defensivo del Girona. El pitazo final dejó una sensación amarga en Chamartín: el equipo pierde terreno en la lucha por LaLiga y llega con más dudas que certezas antes de la revancha europea en Alemania.

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